POLOS OPUESTOS

Coks Feenstra · Psicóloga Infantil

10 de junio de 2026

POLOS OPUESTOS

El desarrollo de los gemelos siempre es interesante e intrigante. Cuando son pequeños, suelen pasar mucho tiempo juntos porque conviven, pero también porque les gusta. Pero a mayor edad pueden comportarse como polos opuestos, ante el gran desconcierto de sus padres. ¿Qué está ocurriendo?

Nos lo cuenta Rianne, madre de gemelas monocigóticas de 9 años:  “Las niñas hasta muy poco eran la estampa misma de una armonía perfecta. Coincidían en sus gustos, en los juegos que querían hacer, en las actividades del domingo que solemos hacer en familia, etc. Pero de repente esto cambió. Ahora es todo lo contrario: si una dice ‘negro’, la otra proclama ‘blanco’. Si una disfruta de una comida y me dice que está buena, la otra dice que no le sabe a nada. Me da la impresión de que solo lo hacen para no parecerse.  Lo difícil para mí es que ambas por turnos eligen cosas que no vayan con su carácter. Pienso que para ellas también debe ser difícil, porque se parecen mucho. Ambas hacen gimnasia rítmica, pero ahora a un horario distinto, para no coincidir. Esto implicó que una bajó de nivel. A veces no sé qué aconsejarlas”.

Aquí efectivamente influye el hecho de que las niñas empiecen a buscar su propia individualidad.  El ser gemelo, en vez de ser un gozo, empieza a ser un lastre. Les hace sentirse limitadas y continuamente comparadas.  Ahora buscan la diferencia y odian la similitud.  Por este motivo pueden elegir algo que en realidad es totalmente contrario a su carácter. Todo sirve si el objetivo es no parecerse. Así eligió Miguel Ángel, a sus 21 años, la carrera de turismo, mientras su hermano gemelo iba por ser enfermero. Dos años después Miguel Ángel había dejado el turismo, se había metido en otra carrera para finalmente darse cuenta que lo que le gustaba hacer en su vida, era ser enfermero. Ahora, a sus 40 años, trabajan ambos como enfermeros en la misma cuidad, pero en hospitales distintos.

Entiendo la confusión de la madre. Pero le expliqué que en realidad lo que estaba ocurriendo entre sus hijas, era algo positivo: refleja no solo el afán por ser una persona autónoma e individual sino también es señal de una fuerza interior.  Así que los padres no deben etiquetarlo como un problema, sino entenderlo como un paso positivo. A un gemelo siempre se le evalúa en relación con el otro y esto es justo lo que sus hijas ahora no quieren. Ahora cada una decide algo en reacción a la otra que, seguramente, no coincide con sus verdaderas vocaciones. Aun así, es un paso necesario. Al mismo tiempo es una fase pasajera.

Como padre y madre es importante entender estos deseos, validar los sentimientos de ambas y ayudarlas a tomar decisiones sin emitir juicios y sin dar consejos (son ellas las que quieren decidir por sí mismas). Por ejemplo, la madre podrá decir algo como: “Entiendo que no quieras estar en el mismo equipo y por esto estás en uno inferior. Pero el otro día me dijiste que querías llegar lo más lejos posible, buscando la cima. ¿Cómo lo ves?”.

Haciendo preguntas abiertas en vez de hablar desde tus suposiciones, la ayudará a reflejar sobre sus decisiones. Y si finalmente decide quedarse en este equipo, también está bien. Esto demuestra que para ella lo más importante es estar sin la hermana, más aún que llegar lejos. Los jóvenes también tienen el derecho de tomar decisiones erróneas, porque es una manera de aprender. Equivocarse es parte del proceso de maduración.

A menor edad puede ocurrir todo lo contrario. Paula, madre de mellizos, de 6 años: “Miguel quiere apuntarse a fútbol. Nos parece bien, porque le da bien. Su hermano Erik no tiene el mismo talento, es bastante patoso, pero como va Miguel, él también quiere. No sabemos muy bien qué hacer, porque pensamos que  Erik puede pasarlo mal”.

 Esta conducta es más típica de la primera infancia. Los gemelos se imitan y les gusta, muchas veces, hacer lo mismo. En este caso el padre se llevó a Erik a un partido de tenis suyo para que conociera este deporte. Le encantó y decidió apuntarse. Dejó la idea del fútbol. Pero, claro, a esta edad la influencia paterna aún es mayor.

Queda claro que, sea cual sea su edad, los gemelos siempre se influyen el uno al otro.

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