Tener gemelos o trillizos cambia completamente la dinámica familiar. En una familia sin gemelos, hay dos grupos: los padres y los niños. Si se da un parto múltiple, se añade un grupo: los gemelos o más.
Los gemelos producen el llamado Twin Unit Effect. Entre ellos están muy implicados, su vínculo es fuerte y comparten rutinas y hábitos. Un 40% tienen un lenguaje propio en los primeros años de vida. La dinámica de los padres también es diferente a la de los padres de hijos únicos. Por ejemplo, investigaciones (Audrey Sandbank) muestran que los padres prestan más atención a los nacimientos múltiples y están menos involucrados emocionalmente con sus otros hijos. Esto tiene que ver con que los nacimientos múltiples requieren más atención, exigen más a los padres, hay más estrés para los padres y, además, logísticamente, a menudo hay mucho que organizar (piensa en exámenes médicos, situaciones problemáticas con la escuela, etc.). Además, está la influencia de la sociedad. Si los padres salen con sus hijos, las miradas se dirigen al carro gemelar.
¿Cómo viven los hermanos esta situación?
Independientemente de la edad del hijo único y de la diferencia de edad entre los múltiples y él, los siguientes sentimientos son muy comunes:
- Sentimientos de soledad
- Sentimientos de ‘destronamiento’ en el mayor y de ‘quedarse al margen’ en el más pequeño.
- La falta de tener una posición especial dentro de la familia.
Existen diferencias en la percepción del hermano mayor frente a la del pequeño: el primero tiene que adaptarse a una ruptura. Para este niño hay una fase antes de la llegada de los gemelos y la fase posterior. El pequeño se adapta a la estructura, no espera atención exclusiva de los padres. No es de extrañar que los hijos mayores dentro de la familia múltiple muestren estos comportamientos:
- Ser independiente a una edad temprana
- Llevarse bien con los adultos
- Pedir abrazos a menudo
- Tardar en acudir a los padres con sus problemas
Con estos niños, por lo tanto, es importante estar atento a comportamientos de una adaptación excesiva, el síndrome de ‘niño fácil que pregunta poco’ y a una madurez demasiado temprana tras la cual se esconden el resentimiento y la ira. Los hijos mayores suelen pasar por una fase difícil tras el nacimiento de los gemelos. Llorar y hacer rabietas son comunes, así como rebeldía, desobediencia y una recaída en el desarrollo (pedir un chupete, ya no querer dormir o jugar solo, perder el control de los esfínteres, etc.). Hay una diferencia entre niños y niñas: a estas últimas les gusta ‘ayudar’ a cuidar de los gemelos, mientras que los varones tienen más dificultades con los ‘intrusos’.
Los hermanos pequeños pueden mostrar estos comportamientos:
- Independencia temprana
- Socialmente hábiles (aprenden mucho de las interacciones de los gemelos)
- Adoptar el rol del mediador
- Ser el niño que exige mucha atención o ser lo contrario: el niño fácil que pasa desapercibido
- Una identidad propia en la que se opone a los gemelos (no soy uno de los gemelos).
Tanto los hermanos mayores como los pequeños pueden recurrir a estos ‘trucos’ para hacerse un hueco en la familia:
- Intentar formar una alianza con los gemelos. Somos trillizos
- Intentar crear una brecha entre los gemelos o convertir a uno en su favorito
- Buscar la atención y un vínculo con los padres
- Formar gemelos con un amigo, un sobrino, etc. Mi amigo y yo también somos gemelos.
Sin embargo, según indican los estudios, los niños no gemelos no presentan más problemas de conducta que otros hijos, aunque a los padres les incumbe una tarea especial. En otro artículo trataré este tema.
Más información:
Audrey C. Sandbank, El efecto de los gemelos en las relaciones familiares, Acta Gen Med Gemelli, 37, 1988