«Qué bien, toda una hora sin mi hermano, una hora sin peleas», suspira Eric, gemelo idéntico de 9 años, cuando entra en mi consulta. Mira feliz a su alrededor, lleno de juguetes y coge la caja de construcciones. Por lo visto tiene muchas ganas de jugar.
La semana pasada, en clase, dibujaba en un sociograma a su hermano como el primero de sus amigos. El amor y el odio, pelear y jugar en armonía, van de la mano en los gemelos. Su relación es especial y única.
El comienzo mismo
Crecen juntos en el vientre materno, escuchan al unísono los latidos maternos y los del hermano gemelo, se tocan y acarician, en búsqueda de la mejor postura. Cuando nacen, aún están entrelazados, a veces con las manos cogidas. Son imágenes que conmueven a cualquiera.
Desde el primer día comienza la batalla por la atención de los padres. Pero también está la vivencia reconfortante que cuentan con un fiel compañero.
Dependencia y dependencia
Los gemelos llegan a conocer el mundo a través de una experiencia de nosotros. Esto predomina en los primeros años. Un padre: «Pongo a mis mellizos de uno en uno en sus asientos del coche. Primero la niña y acto seguido a por el niño. Cuando me acerco al coche, ya la oigo gritar inquieta: ‘Isa, Isa…aquí’. Cuando la asiento a su lado, vuelve la calma”.
La dependencia es normal, porque los gemelos son personas de apego, el uno para el otro, tal como lo son los padres. Y tal como un niño aprende poco a poco a estar sin mamá y papá, los gemelos también aprenden poco a poco a estar sin el otro. Esto ocurre cuando la fase de separación-individuación está completa, en otras palabras, cuando el desapego del otro y la experiencia de uno mismo como individuo propio son un hecho. Esto requiere tanto tiempo, como experiencias individuales en el momento adecuado. Las separaciones demasiado tempranas incrementan la dependencia.
La separación e individuación de los gemelos siempre irá acompañada de sentimientos de pérdida y desconcierto. Eso es algo inherente al ser gemelo. Para no tener que experimentar esa sensación, los gemelos pueden optar por mantenerse juntos. Es importante como padres reconocer este sentimiento y ayudar a los gemelos a afrontarlo.
«Esmee, de 9 años, quería ir al campamento, pero solo,si iba también su hermana gemela. Y esta no quería. Hablamos mucho con Esmee, porque mi marido y yo sentimos que era importante para ella (y para las dos). Le prometimos que la recogeríamos si no funcionaba. Esas palabras, junto con la almohada de su hermana que se llevó para dormir, la ayudaron a superar el reto. Volvió orgullosa a casa. Solo había llorado la primera noche. Comprensible, porque fue la primera vez que durmieron separadas».
Las investigaciones muestran que la dependencia mutua disminuye con los años. A mayor edad se necesitan menos que durante la infancia. En la pubertad, ya empieza en muchos gemelos un afán por no parecerse e ir por sendas distintas. Los gemelos que en esta fase dependen el uno del otro, tienen más estrés, quejas psicosomáticas y emocionales que los gemelos, que se sienten más autónomos. Esta fase es importante en la vida del gemelo en cuanto a la búsqueda del ‘yo’.
Eric viene a mi consulta por ciertos problemas. Su autoestima es muy baja y él cede siempre ante los deseos de su hermano gemelo. Se han establecido unos roles entre los dos que no benefician a ninguno: Mark consigue siempre lo que quiere y, además, se muestra muy criticón con él. Así que el objetivo de mi ayuda es equilibrar este balance. En otro artículo trataré estos roles.